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¿Por qué?

¿Bajo que criterio se rige la gente para juzgar si tu opinión es buena o mala?
¿Por qué piensan que una religión vale más que otra?
¿Cuándo una persona es creyente de algo?
¿Cuándo un equipo de fútbol es más bueno que otro?
¿Por qué debemos seguir un partido político?
¿Cómo sabemos cuando estamos preparados para hacer algo?
Miles de preguntas y la mayoría sin respuesta o con más de una. Pero la más importante sería: ¿Quieres ser ya un adulto?
¿Por qué nadie nos ha hecho esa pregunta a todos?
¿Por qué nos obligan a crecer si en realidad no queremos?
¿Por qué no queremos verdad? 
En realidad es otra respuesta que, dependiendo de la situación en la que te encuentres piensas en una opción o en otra. Posiblemente la mayoría de nosotros abría respondido que si ya que solo sabemos las cosas buenas de esa etapa. No sabemos que tendremos que decidir nuestros estudios y que estos nos cerrarán muchas puertas. No podrás estar todo el día tirado en la calle si quieres de verdad ser alguien. No sabemos que te ganarás amigos o enemigos dependiendo de que lado te diga tu mente que es el correcto. No sabemos que si no ganas suficiente dinero tendrás que pedir préstamos y que si no los pagas los bancos te lo quitaran todo, porque el dinero aunque lo negamos si nos da la felicidad aunque, quizás, no completamente. No sabemos cuanto cuesta mantener, día tras día, una familia en pie. No nos damos cuenta de que nuestros padre no estarán ahí eternamente. Tampoco sabemos que hay muchos caminos y que la mayoría de las veces elegimos el equivocado. No sabemos lo que es que te rompan el corazón. No sabemos tantas cosas, no sabemos lo que de verdad nos va a pasar, pero, aún así, habríamos respondido que sí. Porque nunca nadie se ha parado ha explicarnos lo que de verdad vamos a tener que pasar, si no todos habríamos respondido que no.

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